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Mr. Holmes: «No hay que abandonar esta vida sin dejarlo todo concluido»

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Cualquier momento es bueno para ver una excelente película pero si el día se presenta lluvioso y con aire nostálgico y ustedes no se encuentran de la mejor manera, dejen Mr. Holmes para otro momento. En cambio, si están de buen humor hagan lo que hice yo: me preparé una taza de té y me senté frente a la pantalla. Lo pasé genial.

Netflix España incorporó el 28 de marzo este maravilloso film de 104 minutos basado en la novela Un sencillo truco mental del escritor norteamericano Mitch Cullen y llevada a la pantalla grande por el director estadounidense Bill Condon (Premio Oscar 1998 por Gods and Monsters).

 

La historia

Un hombre de noventa y tres años, el recuerdo del que sería su último caso (sin resolver), el amor por una mujer que lleva en su corazón, Inglaterra, Japón, los horrores de la posguerra, seres queridos que ya no están, recuerdos que se confunden, su afición por las abejas, el afecto hacia un niño del cual se encariña, en fin, Mr. Holmes.

La historia se desarrolla en Sussex, lejos de nuestra familiar Baker Street y su protagonista es el famoso detective Sherlock Holmes interpretado de manera excepcional por Ian McKellen. En esta película su fiel compañera es la soledad, quien «reemplaza» (como si alguien o algo pudiera hacerlo) de manera triste y melancólica al doctor Watson.

El detective, esencialmente, es el mismo que nos diera a conocer Sir Arthur Conan Doyle en sus relatos y que tuvimos la oportunidad de ver en numerosas oportunidades, ya sea en la pantalla grande como en TV, aunque debido a su senilidad podemos apreciar un lado sensible y humano que Holmes supo ocultar en su juventud.

Sus recuerdos nos llevan -por medio de pantallazos- a la Londres de sus años como detective junto a la señora Hudson o al doctor Watson, aunque nunca se los llega a ver de cuerpo entero.

La cuota de frescura viene de la mano del pequeño Milo Parker, quien encarna a Roger, el niño que acompaña y  entretiene, lejos de fastidiar, al Sr. Holmes.

Además de los actores mencionados, esta película cuenta con otras dos excelentes interpretaciones: la primera, de la mano de Laura Linney (quien fuera nominada tres veces al Premio Oscar) que personifica a la señora Munro, madre de Roger y la segunda, por parte de Hiroyuki Sanada, que interpreta al señor Tamiki Umezaki, anfitrión del detective en Japón.

No es mi intención hacer spoilers pero la película es un drama; el libro, en cambio, una tragedia. Quien haya escuchado el Podcast de NaC No. 29, haya visto «Más extraño que la ficción» y haya prestado atención a las palabras del Profesor Jules Hilbert magistralmente interpretado por Dustin Hoffman entenderá a lo que me refiero.

Y para terminar, les dejo una frase que Mr.Holmes nos regala y que, de alguna manera, resume el film del cual hoy nos estamos ocupando: «La naturaleza humana es un misterio que escapa de toda lógica».

 

El autor y su obra

Mitch Cullin es un escritor, fotógrafo y productor americano. Nació el 23 de marzo de 1968 en Santa Fe, Nuevo México. Estudió en la Universidad de Houston y actualmente divide su residencia entre California, USA y Tokio, Japón.

 

El Sherlock Holmes de Conan Doyle

Como todos sabemos Sir Arthur Conan Doyle fue un escritor escocés que vivió entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Era médico oftalmólogo y para cubrir el tiempo en que se encontraba desocupado por falta de clientes no tuvo mejor idea que crear en 1891 un personaje de ficción, un detective llamado Sherlock Holmes, quien superó ampliamente las espectativas que el doctor pusiera en él. “¿Pueden los escritores crear personajes superiores a ellos?», se preguntó el escritor argentino Jorge Luis Borges, para terminar diciendo: «En el orden intelectual, entiendo que no. Sherlock Holmes parece más inteligente que Conan Doyle, pero todos estamos en el secreto: éste le comunica las soluciones que aquél simula adivinar». Pero si bien los detectives crecían en popularidad entre el público lector, según dice Ana Useros en el prólogo de Cuentos de detectives victorianos: «se requirió la apabullante personalidad de un Sherlock Holmes —atleta, artista, burgués acomodado, científico, genio excéntrico— para hacer del detective privado esa figura imponente ante la que se inclinan todas las jerarquías”.

Ilustración de Sidney Paget.

Doyle vivió en los últimos años de la Inglaterra Victoriana, época apasionante, por cierto, donde no faltaron las historias de intrigas, crímenes y detectives. En el año 2011 Michael Syms rescató del olvido un relato que William E. Burton (1804-1860) escribió y publicó entre septiembre y octubre de 1837, titulado La cámara secreta. Desde entonces se reconoce a este escrito como el primero en su género, al contrario de lo que se había dicho hasta entonces, que era Edgar Allan Poe y su cuento Los crímenes de la calle Morgue, del año 1841, el primer relato policial.

Sherlock Holmes aparece en sesenta y ocho relatos del cual el primero es Estudio en escarlata. Siempre se dijo que Conan Doyle se inspiró en uno de sus profesores, el doctor Bell, para crear a su famoso detective pero en una carta que el autor escocés le escribiera a su ex compañero de estudios Robert L. Stevenson, agrega otro dato: «Holmes es un bastardo entre Joe Bell y Monsier Dupin, de Poe (aunque bastante diluido)».

Y para terminar les dejamos una cita de Sherlock Holmes que lo define a la perfección: «Cuando has eliminado lo imposible, todo lo que queda, aunque improbable, puede ser la verdad».


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